El Rinoceronte

Versión digital de la revista El Rinoceronte de Cuenca (ES).

Los blogs, la cerveza, el curro y la noche. Y yo. [por Pedro E. Álvaro]

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Es alucinante: Cuando salí otro día de casa a currar, no encontré mi coche. Cuando volví del trabajo por la tarde había desaparecido mi piso. No estaba. Lo busqué por toda la zona, pero nada.

Pedro en la terraza de su casa

Pedro en la terraza de su casa (Pero Pedro, ¿dónde vives?).

Una locura, le pregunté a Maribel, nada, no sabía decirme dónde estaba, le pregunté al Rintin y estaba más perdido que yo, él a lo suyo, (qué tendrán los litros de la Maribel que me tienen a estos chicos desorientados). ¡Ni el conductor del trenecito supo decirme nada!, tocó el pito y sonrió: “lo siento, no entiendo su idioma”, increíble. Seguí buscando por esos mundos de dios y Dios estaba de vacatas con María Magdalena, que nos había salido un poco a la Bermúdez, yo no lo sé por que no la probé, ¿a quién me encomiendo ahora?, pues me fui a tomar una pinta, y otra y otra… la calle fue tomando forma, ya reconocí el edificio donde se supone que vivía. Subí las escaleras. Sin duda era mi piso. O eso creía, cuando entré me reconocí sentado en la butaca, la mierda y los pelos del gato ya tenían nombre y apellidos, bueno, que se habían construido un adosado en la terraza. Asombrado, me acerqué: ¡Era yo!, sin duda, tenía las mismas jilipolleces que yo, después de preguntarle por la familia, que qué tal tu padre, que qué tal la tía de Peraleja, que si estoy hasta la polla de tal, bla bla bla… ¡Cómo me puso la cabeza! ¡No veía la hora de irme de allí! Se lo presenté a ese alemán que deambula por la Plaza y dicen que se les ha visto agarrados a una pinta en La Moneda.

Written by Walter

7 Agosto, 2006 a 6:53 am

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