El Rinoceronte

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Carta del Director nº 9 – Sobre Unamuno

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Walter en su despacho

Cuenta Juan Goytisolo en sus memorias que, en 1976 ó 77 dio una gira por varias universidades del país para hablar con los estudiantes sobre literatura y, posiblemente, sobre algunas cosas más que en aquel momento eran de suma importancia.
Cuando llegó a la Universidad de Salamanca se encontró con una sorpresa: el aula, donde se suponía que iba a dar la charla ante un mogollón de gente, estaba vacía y un arrogante catedrático le hizo saber que en aquella institución no era bienvenido.
Esto pasó hace muchos años y ahora es una mera anécdota del pasado que sólo causa una sonrisa y un pequeño comentario sobre la ignorancia de aquel ilustre académico.
Pero el pasado, como dice el filósofo, es el culo que se pone en la silla del presente para aplastar al futuro. Y no hay manera de moverlo.
Y ese culo está ahora sentado sobre la memoria de Don Miguel de Unamuno, el rector más famoso de la Universidad de Salamanca.
Unamuno, que fue expulsado de su escaño de concejal el 12 de octubre de 1936, día en que se enfrentó al general Millan Astray y a su gente con la famosa frase “venceréis, pero no convenceréis”, no ha recuperado su escaño desde aquel entonces, porque la sentencia aún sigue vigente.
El grupo socialista de Salamanca solicitó a finales del año pasado dejar sin efecto de forma simbólica el acta de aquella moción infamante que sirvió para arrojar a Unamuno, no solamente del escaño de concejal, sino también de su puesto como rector.
Pero el Grupo Popular de Salamanca rechazó esta propuesta con unos argumentos que sólo pueden hacer delirar a un empernido lector de La Razón o un incondicional de la Cope.
¿Qué les pasa con Unamuno? Un señor que tenía los cojones de enfrentarse no solamente a la sublevación nacional sino también al gobierno de Alfonso VIII y a la dictadura de Primo de Rivera, hecho que le costó en 1924 su confinamento en Fuerteventura.
Mientras pasan esas cosas en Salamanca, Capital Cultural de 2002, a mil seiscientos kilómetros del Tormes, en la ciudad del Vaticano, el Padre Leonardo Sapienza ha hecho algo insólito, casi un milagro: el jefe de protocolo del Vaticano e íntimo colaborador del Papa ha incluido 443 epigramas de Oscar Wilde en su nuevo libro “Provocaciones. Aforismos para una Cristiandad Anti-conformista” (Editorial Rogate), entre los que se encuentra también la famosa frase: Puede resistirlo todo exepto la tentación.
Wilde, que fue rechazado por el Vaticano durante décadadas por su “vida escandalosa”, se ve ahora en compañía de unos hombres que se visten como a él siempre le ha gustado.
La noticia es una sensación. Tanto, que incluso el aburrido periódico inglés Times publicó el 5 de enero un artículo titulado “El Vaticano sale del amario y abraza a Oscar”.
Nadie ha dicho al dirigente Popular de Salamanca que haga lo mismo, o que abrace a Unamuno. Ni siquiera está obligado a leer “La Tía Tula” o “La agonía del cristianismo”, o saber recitar aquel famoso poema de Don Miguel que rima Salamanca con palanca.
Sólo tiene que quitar esta sentencia y devolver a Unamuno su escaño.
Don Miguel, con o sin Oscar Wilde, está dispuesto a aceptarlo.
Lo ha dicho el Vaticano.
Simbólicamente.

Escrito por Walter

14 Febrero, 2007 a 7:52 pm

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